Santander, capital de la Montaña, ciudad marinera donde las haya, tiene el honor de custodiar esta imagen de la Virgen del Carmen. Se encuentra en la Parroquia de los Padres Carmelitas de la Ciudad y es la imagen que sale en procesión multitudinaria por las calles de Santander el 16 de julio. Ha servido de portada en el calendario de 1996 editado por las Cofradías del Carmen de España y Portugal. Esta imagen de Nuestra Señora y Reina de la Santa Montaña y Madre de los Carmelitas, no es imagen nueva ni desconocida porque ella es la que figura, también, en el tríptico de la Cofradía de la Virgen del Carmen, propagado por todas las Hermandades tanto de la Península como de Hispano América.

Veamos un poco de su historia:

Obra de D. Francisco Font, como tantas otras esculpidas por este afamado escultor catalán para los Carmelitas. En el mismo templo carmelitano de Santander podemos admirar y venerar la gran talla de la Virgen del Carmen, del camarín central, obra del mismo Font (año 1903), "predilecta para él no sólo por su belleza sino también porque protagonizó un hecho que el artista siempre reputó de milagroso".

Esta imagen que, cual nubecilla del Carmelo, la hemos hecho surgir de la mar de Cantabria en más de 30.000 postales (y como tal fue la imagen del calendario), es la de la Procesión que, como ya hemos dicho, se realiza el 16 de Julio por las calles de la ciudad, y fue encargada al artista con dicha finalidad. Me remito a una bella crónica:

"Cuando D. Francisco Font recibió el encargo de la nueva imagen para la procesión santanderina, en 1922, ya casi rondaba los 75 años. Había esculpido en su vida muchas imágenes de la Virgen del Carmen y en ésta quiso poner lo mejor de sí por dos motivos: uno, por el entrañable cariño que profesaba a su otra gran talla santanderina; otro, porque veía en la nueva obra su creación póstuma, su último homenaje a la Madre del Carmen. Y la hizo parecida sí, pero formalmente distinta a todas las anteriores: más recogida que ninguna, más íntima que ninguna, más joven y bella que ninguna. En el ocaso de su vida su Virgen es, curiosamente, una explosión de juventud y de pureza, como un canto a la eterna juventud de María".

Añadiría un tercer motivo para tanta belleza: como la imagen fue pensada únicamente para la procesión es por ello que Santander y todos los que nos visitan puedan admirar, siquiera una vez al año, la serena belleza de la Madre del Carmelo. Don Francisco se encargó de vaciar materialmente la imagen para que fuese más liviana a los hombros de los pescadores que la llevan en andas. Todo un detalle.

Realzan la imagen la valiosa corona, aureolas y cetro, todo ello valorado por el artista en 1928 en aproximadamente cien mil pesetas y costeado íntegramente por "suscripción de sólo los cofrades y devotos de la ciudad".

La serena belleza de la Madre y la tierna cara del Niño siguen cautivando a millares de cofrades y devotos de Nuestra Señora del Monte Carmelo.

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