VI Estación

VI

LA MUJER COMPASIVA

(Te adoramos, Cristo, y te bendecimos)

Ya casi no veía.
Esta sangre que caía hasta los ojos era de las heridas de las espinas.
Ahora sí; ahora que me has limpiado el rostro con tu lienzo, ahora sí, veo mejor a los hombres, que no se conmueven;
veo a los niños asustados;
veo a las mujeres, tus hermanas, que sufren.
Nadie se ha atrevido;
¡ah!, cuántos cobardes a mi alrededor;
no sólo ahora, esto será siempre;
cuántos de ahora y de después se creían amigos míos
y no lo eran ni para limpiarme el rostro de sangre.
¡Cuántos me dejarán pasar así, manchado y sucio!
Pero tú has sido valiente, no has tenido miedo,
y te has acercado y me has limpiado el rostro.
Ya casi no veía.


(Hemos pecado, Señor, Ten piedad de nosotros)

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