| |
 |
Recorre María la cuesta abajo de la santanderina calle de Lope de Vega, sin prisa, sabiendo muy bien que tiene a sus pies la Bahía. No en vano la llevan sobre sus hombros pescadores que abajo dejaron las redes en señal de fiesta. Ya no puede contarse a la gente. Se aprecian miradas de asombro, labios susurrantes que acompañan el rezo entre canto y canto, sonrisas de niños. Y niños, más buenos que nunca, con sus trajes blancos de reciente día de Comunión. Jesús niño se ve confidente: "Cuántos amiguitos, como cada año, nos vienen a ver. Jugaré con ellos". |
|